sábado, 12 de noviembre de 2016

La psicología del pedófilo




Este jueves se han llevado a cabo 56 detenciones, de hombres con edades que oscilan entre los 40 y 60 años, en el seno de una macroperación contra la pornografía infantil. La investigación se ha desarrollado a lo largo de un año y medio, y constituye una de las más importantes contra la distribución de material pedófilo en los últimos tiempos, tanto en número de detenidos, como en volumen de material pornográfico compartido. 

Por Víctor Rodríguez:


La mayoría de las víctimas eran de etnia asiática o latina, y no hay constancia de que ninguno de los sujetos esté involucrado en la participación en estos abusos. A continuación, expondremos algunas notas sobre la psicología del pedófilo, y su capacidad de reinserción en la sociedad.

En primer lugar es importante hacer una diferenciación terminológica entre la “pederastia” y la “pedofilia”: la primera se refiere de forma genérica al abuso sexual hacia menores, mientras que la segunda es la atracción sexual que experimentan algunos adultos hacia niños (de trece años o menos). 

Son dos fenómenos distintos, que se pueden dar aisladamente: puede existir una tendencia sexual pedófila que no llegue a sustanciarse en una acción de pederastia, y así mismo pueden producirse abusos hacia menores que no escondan como motivación la satisfacción sexual (por ejemplo, casos de violaciones por venganza). 

La pedofilia, por tanto, es una tendencia sexual parafílica, clasificada en el Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSMV) dentro los Trastornos sexuales y de la identidad sexual, donde se define como “la excitación sexual intensa y recurrente derivada de fantasías, deseos sexuales irrerenables o compartimientos que implican la actividad sexual con uno o más niños prepúberes, generalmente menores de 13 años”. 

Pero no es por sí misma un delito tipificado en la legislación penal; el mero pensamiento no puede serlo, si no existe algún tipo de proyección sobre la realidad material: en este caso, la tenencia y distribución de material pornográfico de niños de muy corta edad.

Dependiendo de la edad de la persona que es objeto de la fantasía o atracción, distinguimos diferentes tipos de trastornos; algunas de ellos son la neonatofilia (atracción hacia niños recién nacidos), nepiofilia (lactantes o infantes), o la efebofilia (púberes y prepúberes). Para autores como Vicente Garrido, cuanto menor es la edad del niño, mayor alienación existe, y por tanto menor capacidad de reinserción.

En relación al origen y naturaleza de su inclinación sexual diferenciamos entre pedófilos primarios y situacionales. Los primarios, también llamados preferenciales, suelen ser sujetos que experimentan un alto grado de alienación sexual; tienen una preferencia sexual definida por los menores. Sus fantasías sexuales y las imaginaciones eróticas se centran exclusivamente en los niños. Estos individuos frecuentemente tienen acceso a los menores, y realizan trabajos o actividades relacionadas con ellos (niñeros, profesores, pediatras, entrenadores deportivos, etc). Su conducta sexual es completamente compulsiva, actúan por un “impulso irrefrenable”, y tienden a la cronicidad de las conductas.

Por otro lado, los pedófilos situacionales son individuos que realizan el acto criminal de forma espontánea. Se aprovechan de la disponibilidad del niño, que se encuentra en una situación desprotegida o vulnerable. Son oportunistas, y no tienen una preferencia exclusiva por los menores. En ocasiones utilizan al menor como sustituto sexual de su pareja habitual.

La inmensa mayoría de los sujetos que consumen y distribuyen material pornográfico infantil, como es el caso de los 56 detenidos el día de hoy, responden al perfil del pedófilo primario o preferencial. Este tipo de comportamiento, como hemos dicho, es crónico y por lo tanto resulta sumamente improbable que el sujeto pueda modificar su conducta desviada.

Los pedófilos suelen ser varones, que comienzan a experimentar atracción hacia menores desde la adolescencia o pubertad (aunque puede desarrollarse en edades adultas). Es habitual que este trastorno aparezca en comorbilidad con otros como el exhibicionismo, voyeurismo o el froteurismo. 

La aparición del trastorno responde a causas multifactoriales, pero principalmente suele producirse debido a un proceso erróneo de sexualización durante las primeras etapas vitales del individuo; siendo habitual en algunos casos la presencia de abusos sexuales.

Los expertos señalan que la adolescencia es clave en el origen de la patología; si el joven se excita con estímulos atípicos, como imágenes infantiles, puede acabar asociando placer sexual con los niños. 

Cuando el pedófilo traspasa la línea y se convierte el pederesta, comienza a producirse en su mente un mecanismo de minimización de la responsabilidad que consiste principalmente en la racionalización de este tipo actos.

Son una serie de distorsiones cognitivas que se presentan como “justificaciones”, en las que llegan a autoconvencerse de que el sexo con menores es una actividad que llegará a ser aceptada en la sociedad como una opción sexual más. Estas distorsiones o formas de pensamiento erradas, retroalimentan y mantienen la conducta desviada. Algunas de ellas son: “que el sexo con el menor mejora su relación y lo educa”, “que cuando los niños preguntan por el sexo significa que desean experimentarlo”, o “que la falta de resistencia indica que el menor desea el contacto”.
Desde el punto de vista psicológico, los pedófilos suelen ser personas con dificultades de interacción, que buscan la aceptación social y sienten miedo hacia el rechazo, el menosprecio y la humillación de sus iguales. Habitualmente tienen altas cotas de sufrimiento emocional, especialmente en los casos en los que existe un alto grado de neuroticismo.

Mantienen sus preferencias sexuales desviadas ocultas, y nunca hablan sobre el tema. Suelen ser irresponsables y psicológicamente inestables; con un sentido de la autoestima volátil y desregulado. No suelen tener pareja, pero los casos en los que la tienen son muy dependientes emocionalmente.

El problema esencial que presenta el tratamiento de muchos de los pederastas es que estos no suelen colaborar en el tratamiento. Muchos de ellos no se consideran enfermos ni anormales, e incluso, una vez han sido condenados, reivindican públicamente la legitimidad de sus inclinaciones aludiendo a las distorsiones cognitivas a las que hemos hecho referencia.


La normalización de la pedofilia en la red

La aparición de internet y la facilitación de su acceso, ha incrementado el volumen y el grado de alienación de estas conductas. En la actualidad, los sujetos que experimentan este tipo de trastorno tienen la posibilidad de compartir sus experiencias, intercambiar material, y retroalimenar sus fantasías a través de foros y sitios webs específificos. 

Cuando el individuo parafílico se da cuenta de que no es el único que experimenta ese tipo de atracción y que, de hecho, hay una comunidad entera de personas como él, sus mecanismos de racionalización de intensifican, y comienza a normalizar la conducta. Es el primer paso para inhibir los obstáculos morales que pudieran albergar y dar el paso a la acción. En muchos de estos foros se llega incluso a compartir información sobre estrategias de convencimiento hacia los niños (un entrenamiento para depredadores sexuales digitales), con un lenguaje inconográfico propio para eludir a los servicios informáticos de la policía.

Durante los últimos años existe una campaña llevada a cabo a distintos niveles, pero principalmente desarrollada en internet, que propone normalizar la pedofilia. A día de hoy, existe una asociación internacional de pedófilos, con sus propios estatutos, que ofrece datos de contacto para que individuos de todo el mundo puedan solicitar su admisión.

El movimiento activista pedófilo, es un movimiento social que abarca una variedad amplia de opiniones y aboga por la aceptación social de la atracción romántica y sexual hacia los menores. Sus principales objetivos son la derogación de las leyes de edad de consentimiento sexual, y la eliminación de la clasificación de la pedofilia como una parafilia por parte de la Organización Mundial de la Salud.

Este fenómeno ha llegado a traspasar las barreras de internet. Hace dos años un grupo de desconocidos colocaron un cartel publicitario en una parada de autobús en Barcelona, en el que se hacía apología de la pedofilia, mostrándose una imagen difuminada de una niña semidesnuda bajo la rúbrica “Libertad”. 

El cartel hacía referencia a la organización Pedophile Freedom NGO, que alentaba a enviar fotos de niños desnudos a un sitio web, para consumo de pederastas. "Envíanos fotos de cuando eras un niño sin ropa. Por una pornografía infantil libre de abusos".

Uno de los mantras insignia del movimiento, que muchos ya denominan “lobby pedófilo”, es considerar que no es lo mismo la pedofilia que la pederastia, de forma que no hay nada nocivo en ser pedófilo mientras se mantenga la inclinación en privado. 

A principios de año, Teguayco Pinto Cejas, periodista de Eldiario.es y El Español, publicó un polémico artículo titulado “Aceptemos al pedófilo para que no abuse de niños”. En el texto, el autor sostiene que "la marginación de los pedófilos es un factor de riesgo para que se conviertan en pederastas". Defiende “que la marginación y la estigmatización de los pedófilos que nunca han abusado de un menor podría ser un factor de riesgo para que lo acaben haciendo”. Sobra decir que este tipo de argumentaciones no tienen ningún respaldo por parte de la comunidad científica.

Y es que hay que tener en cuenta que el consumo de pornografía no deja de ser un comportamiento adictivo: lo cual tiene como consecuencia que cuanto más se consume, mayor es el deseo que se genera. La normalización de este tipo de contenido en la red hace que los pedófilos se insensibilicen y lleguen cada vez a más grado perversión. Internet actúa, por tanto, como un vehículo catalizador del problema, que resulta cada vez más difícil de abordar.

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