sábado, 3 de octubre de 2015

Nunca más.



ENTREVISTA a la psicóloga Daniela Lezcano. La profesional enfrenta un juicio por su trabajo en el caso de una menor abusada. Un caso que desnuda la trama judicial misógina que protege a agresores y castiga a denunciantes y profesionales que acompañan a las víctimas.
“Espero que esto sirva como una bisagra y como precedente para que nunca más se siente a un profesional en el banquillo, ni se castigue a una madre por denunciar, ni a un padre por ser protector”, dice Daniela Lezcano, psicóloga especializada en maltrato y abuso infantil que en estos días está enfrentando un juicio oral por una causa que le inició un padre acusado de abusar de su hija de cuatro años que era su paciente. La acusan de retocar un dibujo de la nena y de incidir en su relato para que incrimine a su progenitor. Entre hoy y mañana dictarán la sentencia de lo que para muchos es la muestra de una trama judicial misógina que protege a los agresores, castiga a las mujeres que denuncian, a las y los abogados y psicólogos que acompañan y revictimizan a las y los niños que han sufrido o sufren abuso sexual.
Daniela Lezcano vive en Tandil y desde que se recibió trabaja escuchando y orientando a las víctimas de ese delito tan oscuro y complejo. Por eso, para ella, enfrentar una acusación de “falso testimonio agravado y falsificación de documento privado en concurso ideal” no es casualidad ni un caso en particular. Es una persecución y una conducta sistemática de parte de la corporación judicial, muy vinculada con el famoso Síndrome de Alienación Parental (SAP): una falsa teoría con la cual abogados y jueces trasladan la acusación al progenitor denunciante argumentando que es quien manipula y hace mentir a las y los niños, y que, en el caso de los profesionales que escuchan y acompañan las denuncias, se denomina backlash.
– ¿Cómo se armó esta causa judicial y en qué instancia está?
– Ahora estamos esperando la sentencia. Hace cinco años se inició la causa y yo nunca había podido hablar. Es el primer caso en el mundo en que se juzga a una psicóloga. Nunca se llegó a esto. Han hecho arremetidas, han denunciado a colegas, pero nunca se ha llegado a un juicio oral. En primera instancia me sobreseyeron, pero el fiscal apeló. La cámara revoca el sobreseimiento y llega a juicio oral. Entonces yo no había podido hablar ni había podido ver el dibujo retocado por el que me acusaban. Yo declaré el jueves cerca de tres horas. Respondí todo y declare con la verdad, tranquila. Me sorprendió haber visto el dibujo, una no puede creer que algo así pueda llegar a prosperar.
– ¿Qué es lo que te sorprendió al ver el dibujo?
– No había visto nunca el original, había visto en el expediente alguna copia. Pero no es lo mismo. Son tres dibujos. Aclaro que no fue un test, fue una sesión terapéutica habitual. Ella era paciente mía hacía un año, a esa sesión llegó con un hematoma muy grande en la cadera. Ella estaba muy nerviosa y para contar qué le había pasado empieza a hacer unos dibujos y me cuenta del abuso. Detrás de una hoja de la historia clínica yo escribo la historia que me cuenta, tal cual me la cuenta la niña. Debajo de eso ella dibujó algo muy chiquito y luego aparece agregada una casita que es imposible que la haya hecho ella, y luego, en dos monigotes que había dibujado sin rostro, aparecen dos rostros bien definidos: con ojos, pelo, una mueca bien definida de tristeza. Pero creo que lo hicieron para que se note que fueron hechos, para inculparme. Yo les digo que evidentemente ese dibujo se hace con el fin de desprestigiar mi testimonio, que no era ni siquiera una pericia, porque la pericia a la nena se la hacen después. La mía fue una declaración testimonial. La niña en ocasión de una consulta terapéutica me cuenta esto, yo le cuento a la mamá y le doy un resumen de historia clínica con lo que la niña me contó. Con eso y el certificado médico del hematoma, la madre hace la denuncia en la comisaria de la mujer y en la declaración consta que deja los dibujos en ese acto. No hubo cadena de custodia ni nada.
– ¿Y qué pasa después?
– A los quince días me citan a mí a declarar como testigo. La mamá declara y después a la niña la evalúan en el juzgado de familia con varias entrevistas donde le toman una batería psicodiagnóstica que incluye distintos test de familia muy completos, y concluyen que hay indicios de abuso infantil, con lo cual restringen el contacto totalmente, y a la familia paterna también por haber pruebas de coacción contra la madre. Eso lo apelan y pasa a la cámara civil, que lo confirma. Y cuando entra en la instancia penal, el padre de la niña contrata como defensora a la abogada Patricia Perellió, que tiene una historia de defender abusadores, violadores y femicidas. Su primer caso fue la defensa de Monzón, femicida de Alicia Muñiz, y es la defensora de los asesinos de Natalia Mellman, también de Melo Pacheco, que es un caso emblemático en Mar del Plata donde se procesó a las tres psicólogas, él quedó en libertad y acusó a los padres de haber introducido el SAP. Y actuó en muchos casos de abuso más. Esta abogada lo primero que hace es pedir nuevas pericias, y dentro de ellas hacen unas entrevistas que estaban desaconsejadas por el equipo técnico de familia, porque la nena tenía cuatro años y medio, para no revictimizarla. Ponen perito de parte al doctor (Mariano) Castex y no hay registro ni control de parte de la mamá de eso. En las entrevistas estaban el acusado y su familia, como para obturar y silenciar a la nena. La niña no habló mucho ni dibujo mucho, no la evaluaron como lo habían hecho en el tribunal de familia. Sólo dibujó nenas, y cuando le pidieron dibujar un varón dijo que no podía dibujar un varón, que mejor hacía un chancho con cara de chancho, con cuero de chancho, que hacía chanchadas. Con ese informe dijeron que no había indicadores de abuso, y pasó a cámara Gesell. La cámara la vimos en el debate antes de que yo declare: son veintiocho minutos donde no le hacen preguntas a la niña respecto a la denuncia, no trabajan con juguetes ni con nada que la niña pueda proyectar algo. Las preguntas son si el papá es bueno, si le gusta estar con su papá. Y después comienzan a preguntarle qué hacía conmigo, si yo la ayudaba con los dibujos, la nena le dijo que sí, porque en el consultorio a veces ayudamos y jugamos con los niños, no es una pericia. La conclusión de la cámara Gesell y del fiscal fue: “acá no hay abuso”, y archivó la causa. Unos meses después me empiezan a investigar a mí a raíz de una declaración periodística de Perellió, y ahí aparece este dibujo, que cuando le hacen la pericia para ver si hay rasgos de un adulto yo no puedo ni participar ni llevar un perito para que lo compare conmigo.
Daniela Lezcano– Este hecho puntual que vos describís viene de una situación previa, de una pelea tuya junto a familiares de niñas y niños abusados en Tandil frente a un fuero judicial muy resistente a condenar estos delitos.
– Si, a investigar los abusos. En estos años, los casos que han llegado a juicio oral fue porque las familias se movilizaron y pudimos acompañarlas, orientar o contener. Cuando han podido ser juzgados, los casos se comprobaron, y cuando han sido apelados los casos se comprobaron. La instancia que fallaba era la de la investigación: la familia denunciaba y la fiscalía no investigaba. Ahí es donde hubo más quejas y denuncias de familiares.
Nosotros en Tandil dependemos del departamento judicial de Azul. En el año 2010 se llegó al jury de enjuiciamiento a uno de los fiscales que tenía varias causas. La comisión investigadora por unanimidad votó. Los denunciantes fueron Aníbal Fernández y Fernando “Chino” Navarro en lugar de los familiares, y a su vez Fernández pidió a la Suprema Corte de Justicia de la provincia la avocación por la totalidad de los casos, que eran 38, y por mi persecución. El jury se inicia en 2011 y al poco tiempo a mí me anotician de todo esto.
– Vos sos una víctima emblemática de lo que se denomina backlash, ¿no? De la reacción corporativa contra aquellas y aquellos que denuncian y sostienen las denuncias de abuso.
– Mirá, si bien es durísimo atravesar algo que es injusto, que no lo podes creer, que se te juzga el honor, sé que no queda sólo en mí. Hace unos años venimos trabajando para desterrar el SAP. Porque justamente es una herramienta misógina, machista y corporativa que usan las defensas de los abusadores o los violentos para castigar a la mujer que denuncia o al que visibiliza la pedofilia o el abuso sexual infantil y para generar este descrédito y que no se judicialice. Tenemos el caso emblemático de la madre Andrea Vázquez que hace tres años que está separada de sus hijos, o el caso de una niña en Tandil, que fue muy conocido, donde se encarceló dos años en otro país al padre por denunciar. En ambos casos, las instancias que los han investigado en Argentina hablan del SAP, que el padre o la madre pone en la cabeza del niño esto que el niño repite. Cuando esto sucede con los profesionales y los abogados, hablamos de backlash, que es lo que me está pasando a mí.
Abiertamente ante el fiscal, la abogada defensora del abusador dice que la psicóloga indujo, se lo puso en la cabeza a la madre, y para reforzar esto llegó a armar lo del dibujo. No es casual que se dé en estos distritos: Azul, Olavarría, Tandil, Mar del Plata. Es una zona complicada, donde también la trata recién está siendo investigada con muchas resistencias. Del abuso a la trata hay un paso. Entonces, los operadores que tendrían que estar protegiendo y dar un corte a esto, por lo menos en la parte investigativa, vemos que son parte de lo mismo. Eso es lo grave, va más allá de un caso puntual. Una, sin querer, por ahí está rozando otros intereses: políticos, económicos, de poder. Sabemos que hay incluso operadores judiciales que obedecen a estos intereses. Hay dinero importante en juego cuando se trata de pedofilia. Lo bueno es que en estos días, en la ONU, la presidenta y también el Papa están hablando de maltrato hacia la mujer, de la necesidad de la igualdad de género y del repudio al abuso sexual infantil, a la trata y a los que lo quieren acallar. Esperemos que a los jueces todo esto les llegue. Espero que esto sirva como una bisagra y como precedente para que nunca más se siente a un profesional en el banquillo, ni se castigue a una madre por denunciar, ni a un padre por ser protector. La batalla es ideológica. Porque sería gravísimo que se instale que se puede armar una causa de abuso y que un profesional está faltando a la verdad, sería gravísimo porque los que ganan son los que quieren invisibilizar el abuso. Lo que buscamos es que se castigue el abuso sexual infantil.

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