domingo, 22 de junio de 2014

Destaca Tabasco en abuso de menores de 10 años




En los planteles educativos, los estudiantes no sólo están expuestos a ser víctimas de bullying, también del acoso y abuso sexual. Los agresores pueden ser compañeros de grupo o personal de las escuelas. No hay nivel educativo ajeno al problema, pues se tienen registros en jardín de niños, primaria, secundaria, bachillerato y Centros de Atención Múltiple.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) tiene en sus registros al menos una decena de quejas presentadas por acoso o abuso sexual. La mayoría de los casos se registraron en escuelas ubicadas en el Distrito Federal, en menor medida en Tabasco, Veracruz y Tamaulipas.

Algunos de los testimonios plasmados en las recomendaciones de la CNDH exhiben que en una escuela primaria en Gustavo A. Madero, por lo menos cuatro niños de seis años de edad (que cursaban el primer grado) recibieron reiteradas agresiones de connotación sexual por otro estudiante de 13 años de edad.

En otra primaria, en la delegación Venustiano Carranza, un profesor de cuarto grado abusó sexualmente de una estudiante en repetidas ocasiones, pero ella nunca mencionó nada por temor a ser reprendida.

En un plantel de bachillerato, una joven estudiante que había reprobado varias materias acudió a los docentes que la impartían. Uno de ellos solicitó 5 mil pesos para ayudarla en la calificación; otro más le ofreció apoyo a cambio de tener relaciones sexuales. Y ella accedió.

De acuerdo con la Tercera Encuesta de Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas Públicas de Educación Media Superior, 6.9 por ciento del alumnado reportó haber experimentado algún tipo de abuso sexual, el cual involucra en 80 por ciento de los casos a un familiar o conocido.

Incluso 45.8 por ciento de las situaciones de abuso iniciaron antes de que el niño o niña cumpliera 10 años de edad; para 33 por ciento esa experiencia ocurrió entre los 11 y los 15 años. Los resultados indican que en 60 por ciento de los casos la víctima nunca lo comentó, principalmente por miedo.

Los testimonios

En la Escuela Primaria 1, en la delegación Gustavo A. Madero, en el Distrito Federal, padres de los niños que cursaban el primer grado se quejaron por agresiones de connotación sexual por parte un niño de 13 años de edad y alumno de sexto grado en contra de sus hijos. Recurrieron primeramente al docente de apoyo y psicóloga adscritas a la Unidad de Servicio de Apoyo a la Educación Regular II-52, quienes únicamente le indicaron que debía platicarlo con la docente encargada del grupo.

La directora de la escuela aseguró iniciaría las investigaciones respectivas y citó a los padres para elaborar el acta de hechos con los testimonios y declaraciones de los niños involucrados. Sin embargo, en la reunión la directora intentó confundirlos e inhibirlos, a través de preguntas insistentes y diversas expresiones.

La misma directora notificó que de acuerdo con la consulta que realizó con personal del “jurídico”, las conductas descritas en el acta de hechos se consideraban como acoso escolar, motivo por el cual solicitaron revisar el documento para corroborar el contenido de las declaraciones, lo cual no pudieron realizar porque lo estaban terminando de transcribir.

Otro caso más de la decena investigada por la CNDH muestra que una alumna (becada) de 15 años y estudiante de tercer grado en la Escuela Secundaria 1, en la delegación Tlalpan, fue víctima de abuso sexual y tocamientos por parte del profesor de artes plásticas. Como consecuencia, la joven se cortó con un exacto las piernas y los brazos.

La madre de la víctima acudió a la directora del plantel, quien le hizo comentarios como: “está usted consciente de lo que implica esto”; “todo esto implica un proceso muy desgastante y tedioso”, por lo que no se sintió apoyada. Lo único que le ofreció la directora es que la alumna dejara de tomar clases con el presunto agresor.

Un caso que resalta entre las recomendaciones de la CNDH corresponde a una menor de edad con síndrome de Down. Durante meses, la madre de la niña observó alteraciones en su comportamiento. Se percató que su hija al igual que otras niñas era víctima de abuso sexual por parte del profesor de computación en el Centro de Atención 1.

La madre de la menor platicó con la directora del plantel, ella le indicó que se encargaría de resolver los conflictos. Sin embargo, la percepción fue contraria. “De las constancias que integran el expediente de queja se advierte que además de los hechos de abuso sexual, también hubo omisiones por parte de diversos servidores públicos adscritos a la Secretaría de Educación Pública, ya que no existe evidencia alguna en la que se observe que la directora haya solicitado la intervención de la Unidad de Atención al Maltrato y Abuso Sexual Infantil”.

En la delegación Iztapalapa, una joven de 12 años de la Escuela Secundaria 1 se quejó de que cada que iba a recibir una calificación en su cuaderno el profesor de matemáticas se tocaba los genitales por encima de la ropa mientras calificaba.

Algunos familiares de otras estudiantes acusaron al mismo profesor de obligar a las menores a agacharse para recoger la basura de todo el salón, indicándoles que se inclinaran sin doblar las rodillas. A la alumna de la denuncia le exigía quitarse el suéter y la forzaba a acudir al salón en el receso para interrogarla sobre cuestiones personales, amenazándola con bajarle puntos si no acudía.

Desigualdad hasta en las agresiones

La Tercera Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas de Educación Media Superior indica:

Los estudiantes que presentaron violencia recurrente registran un mayor ausentismo escolar; 18.1 por ciento que presenta episodios de violencia recurrente reporta haber faltado dos o más veces al mes a la escuela.

En comparación con las mujeres, los hombres asumen que la mujer tiene algo de responsabilidad en la violencia (física y sexual). De los encuestados, 32.1 por ciento acepta, al menos en cierta medida, la posible responsabilidad de la víctima en casos de violencia o agresiones contra las mujeres (42.6 por ciento de los varones y 21.7 por ciento de las mujeres).

37.2 por ciento de los estudiantes está de acuerdo con el hecho de que “la mayoría de las violaciones ocurren debido a que las víctimas visten de manera provocativa”; en el caso de las mujeres el porcentaje es de 19.1.

28.8 por ciento de los hombres reporta estar de acuerdo con la frase: “cuando una mujer es agredida por su marido, algo habrá hecho ella para provocarlo”, comparado con 10.8 por ciento que registran las mujeres.

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