martes, 15 de abril de 2014

Cuba: Abuso sexual infantil, cuestión de justicia


La Habana, abril (Especial de SEMlac).- Tenía 9 años la primera vez que el padrastro llegó a su cuarto a manosearle el cuerpo. La práctica se mantuvo hasta que se fue de la casa a los 15, con ayuda de una tía, sin que su madre diera crédito al ultraje.

A los 61 años, esta habanera que pidió anonimato a SEMlac padece de insomnio y depresión crónica producto de aquella experiencia y, durante su vida sexual, nunca ha dejado de sentir repulsión.
“En aquel tiempo no tenía idea de cómo llegar a psicólogos ni se hablaba en público de algo así. Tuve que irlo superando con mis propios recursos y ni siquiera me pasó por la mente denunciarlo a la policía”, confiesa la comerciante jubilada.
Aunque en la actualidad existen en Cuba mecanismos de atención a víctimas de abuso sexual infantil y posibilidades para enjuiciar estos delitos, sigue siendo un tema velado por tabúes sociales, divulgación deficiente y falta de preparación entre profesionales capaces de detectar y atender estos casos.
El más reciente reporte del Ministerio de Justicia, de 2012, indica que la policía recibió de familiares, vecinos o personal médico 2.117 denuncias de delitos contra niños, niñas y adolescentes.
De ellas, 54 por ciento eran abusos lascivos, 25 por ciento violaciones, corrupción o ultraje, y 21 por ciento pederastia, incestos y estupro, según refiere un informe publicado en octubre de 2013 en el sitio oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Para una población de 16 años de edad o menos en el entorno de casi 2 millones 300.000 habitantes, estas cifras corresponden a menos de 0,1 por ciento.
Sin embargo, especialistas coinciden en que apenas son la cresta del problema, si se tiene en cuenta la tendencia global de ocultar y silenciar estos hechos, y denunciar apenas entre 10 y 20 por ciento.
Con décadas de experiencia en atención a víctimas de abuso sexual infantil, la psiquiatra Ana María Cano López asegura a SEMlac que una de las barreras para enfrentar estas agresiones es el silencio social.
“Las personas no se imaginan ni conocen lo que es el abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes y les cuesta detectarlo”, refiere la especialista de una consulta especializada en el Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex).
El mito de la sagrada familia que protege a sus hijos e hijas hace que muchas veces el agresor quede impune. Las víctimas o sus representantes legales tienden a callar cuando existen vínculos familiares o afectivos con los victimarios.
El abuso sexual infantil se concreta cuando un adulto o adolescente usa su poder sobre un niño o niña para establecer caricias, besos, manipulación, exhibicionismo, violación o pornografía, explicó la psiquiatra Clara Cecilia Valdés en un reciente panel promovido por el Grupo de Reflexión y Diálogo Oscar Arnulfo Romero (OAR).
Mitos como que estos casos son infrecuentes, que se dan solo en las niñas y pueden ser evitados por las víctimas contribuyen a perpetuar las agresiones, destacó la terapeuta del hospital pediátrico habanero William Soler.
Contrario a lo que se piensa, el agresor suele ser una persona equilibrada y con gran prestigio social, la mayoría de los abusos se producen en lugares cotidianos para la persona afectada y pocas veces llegan a ser denunciados.
Por lo general, se trata d personas que seducen a sus víctimas, las manipulan, engañan, chantajean, amenazan o utilizan la fuerza contra ellas.
Los centros de atención a niñas, niños y adolescentes del Ministerio del Interior (Minint) se encargan de procesar estos casos remitidos por las unidades policiales, siguiendo un protocolo para evitar la revictimización en la búsqueda de pruebas contundentes para el enjuiciamiento.
Un equipo multidisciplinario con profesionales de la medicina, el derecho, la psicología y asuntos policiales explora a las víctimas con la idea de obtener un testimonio grabado que evite su presencia en interrogatorios posteriores.
También se coordina el seguimiento terapéutico en consultas como las del Cenesex, los centros de salud mental, pediátricos, entre otras.
La capitana Liset Cuellar Favelo detalló, durante el encuentro en OAR, el ambiente neutral en que se desarrolla el trabajo de los tres centros de atención a niñas, niños y adolescentes que funcionan en La Habana, Villa Clara (centro del país) y Santiago de Cuba (zona oriental), respectivamente.

Las entrevistas filmadas permiten, además, reducir al mínimo las personas que interactúan con las niñas y niños abusados, aunque no siempre se logra la comprensión del personal jurídico y en algunos casos se exige la declaración durante la vista.
“Si el niño o niña tuviera que presentarse al juzgado, debe hacerlo en condiciones especiales, porque cada vez que cuente lo que sucedió revivirá el daño”, advirtió Cuellar Favelo.
De cara a las leyes
La ley cubana establece que cualquier persona con conocimiento puede denunciar este tipo de abuso y la investigación procederá de oficio, incluso si la familia no estuviese de acuerdo.

Sin embargo, se necesita el testimonio de la víctima para probarlo, en especial cuando se trata de agresiones sin evidencias físicas visibles o prolongadas en el tiempo.
Según explicó a SEMlac la abogada Amaya Álvarez, la violencia sexual corresponde a un ámbito íntimo, comprendido entre los “derechos personalísimos”; por tanto, solo es perseguible si la persona perjudicada participa en el proceso.
“Muchos de estos casos quedan truncos porque si, a última hora, la víctima desiste, las instancias judiciales y el Estado no pueden intervenir, aunque por otras vías conozcan del hecho”, describió la integrante del equipo jurídico del Cenesex.
A su juicio, el acompañamiento psicológico y la sensibilización de las personas afectadas y sus familias resulta determinante.
La psicóloga Nadine Peñalver comentó a SEMlac que para las y los profesionales encargados de estos casos se produce un dilema ético cuando el paciente o su familia no quieren denunciar.
“Por encima de todo valoramos lo que ayude a la seguridad psicológica del menor y con el seguimiento persuadimos a la familia a que presente cargos por decisión propia”, abundó.
El abuso sexual infantil puede ser penalizado con más fuerza según la trascendencia del daño, la edad, la circunstancia del hecho o la cercanía entre víctima y victimario.
Pero Álvarez criticó la diferencia entre la penalización por violación sexual (ejercida contra mujeres) y pederastia (contra hombres), debido a que sustentan prejuicios homofóbicos y sexistas.
“Socialmente se considera más grave el abuso sexual en los varones, porque supuestamente la penetración anal es ‘contra natura’, y la ley cubana lo sustenta al aumentar las penas en estos casos”, significó la abogada civil.
Dicha creencia también está en las familias, que muchas veces piensan que un niño abusado será homosexual y prefieren mantenerlo en secreto, aseguró Cano.
Prevenir es posible
Para la psiquiatra Ivón Ernand, quien por años atendió a familiares de niños y niñas abusados, se necesita un protocolo que organice la manera de proceder por parte de la policía, el personal médico y psicológico, la escuela y la comunidad.

“Faltan herramientas más profesionales, porque se trata de un problema de salud, social, familiar y de derechos humanos”, apuntó durante el citado debate.
“La prevención no sirve si no se hace extensiva y se logran efectos rápidos”, comentó.

Según las expertas consultadas, urge una mayor divulgación desde la prensa y las industrias culturales sobre la vulnerabilidad de la infancia y la adolescencia ante el abuso sexual.
Dedicar tiempo diario a observar y escuchar a niños, niñas y adolescentes, estimularles a hablar de sus problemas, comentarles sobre el abuso sexual y cómo se produce y crear un clima familiar de confianza son otras recomendaciones para prevenir estos hechos.
Las especialistas abogaron, además, por extender los servicios de atención a las víctimas e introducir estos temas en la preparación de profesionales de la medicina, el derecho, la educación y la policía.
Cuéllar adelantó la creación, para este 2014, de una línea telefónica confidencial para el abuso sexual infantil, con especialistas capaces de orientar sobre qué hacer ante esas situaciones.
“El abuso sexual ha existido siempre y hay que tener herramientas para combatirlo, porque lo menos que puede requerir una familia es justicia”, sentenció la oficial.

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