martes, 1 de octubre de 2013

La ciencia ante la explotación sexual infantil


Javier Flores
periódico La jornada 
México

Duele  pensar que existan
personas que puedan beneficiarse
al abusar de un niño.
Es más doloroso aún imaginar 
el infierno que viven los menores
 que son víctimasde esos 
abusos.
 La explotación sexual comercial
 y el tráfico sexual de menores
 constituye uno de los actos 
más reprobables y es, sin embargo, uno d los problemas más extendidos en todo el mundo. 
Niñas y niños que viven todos los días y en todas partes esa pesadilla.
Hay por fortuna otra cara.
Es la labor de organismos internacionales, organizaciones públicas y civiles
y personas independientes que luchan cotidianamente por acabar con esta
 lacra de la especie humana.
Me sorprendió encontrarme con un estudio que aborda este tema desde el punto de vista 
de la ciencia,  realizado por el Instituto de Medicina y el Consejo Nacional de Investigación
 de los Estados Unidos, publicado el pasado 25 de septiembre, en el que consideran
 a la explotación sexual comercial y el tráfico 
sexual de menores un problema grave con consecuencias adversas a largo plazo para la 
sociedad en su conjunto.
El estudio se refiere a actos delictivos como el reclutamiento o transporte de menores con
 fines  de explotación sexual a través de la prostitución, o lo que denominan relaciones
 sexuales de supervivencia  (intercambio de actos sexuales a cambio de algo de valor
 como refugio o comida). Las y los jóvenes víctimas y sobrevivientes de estos delitos se
 enfrentan a consecuencias sociales, legales y de salud, se afirma en el reporte
publicado por The National Academies Press (al que puede accederse gratuitamente).
El estudio reconoce que a pesar de su gravedad, no existen datos confiables sobre la
 incidencia de este  problema en Estados Unidos y existen estimaciones que oscilan de
 entre mil 400 a 2.5 millones de víctimas en ese país, lo que equivale a decir que
 realmente se desconoce la cifra real. 
 
Pero el problema estalla continuamente en distintos lugares y en todas las áreas como los
 sistemas  de justicia y en los de atención médica. El informe señala que estos crímenes
 se pasan por alto  y no siempre se denuncian, porque con frecuencia ocurren en las
 zonas marginales de la sociedad  y a puerta cerrada y (algo que es terrible) los 
jóvenes no se reconocen a sí mismos como víctimas de abuso.
Un aspecto interesante es sobre las consecuencias sociales y legales en los y las jóvenes 
que  sufren el abuso, pues las leyes en varios estados juzgan estos hechos desde la óptica 
de la  prostitución, lo que conduce a verlos como delincuentes en lugar de lo que realmente
 son:
 víctimas de la explotación. Las personas especialmente vulnerables a la explotación,
 dice el informe,  son los jóvenes que han sido abandonados o maltratados, aquellos cuya
 crianza está al cuidado de personas  distintas de sus familias (aunque también se
 reconoce que el abuso y la explotación puede ocurrir en el seno  familiar), los que se
 encuentran en centros de detención de menores, las jóvenes lesbianas, gays,
 transexuales, bisexuales, así como las minorías raciales o étnicas.
Si bien el estudio se centra en la explotación y trata de menores, que son ciudadanos o 
residentes  legales permanentes en Estados Unidos, hace un llamado a considerar a todos
 los niños y adolescentes  en general (lo cual tiene implicaciones importantes sobre
 todo para los miles de jóvenes migrantes mexicanos y de otras nacionalidades que
 llegan a ese territorio y que son uno de los blancos predilectos para la explotación y abuso 
sexual).
Gran parte de los casos de abuso puede detectarse y prevenirse en el campo de la atención 
médica. 
La mayoría de los jóvenes que son abusados tienen que recurrir en algún momento a los s
ervicios de salud, a consecuencia de lesiones, enfermedades de transmisión sexual o
 abortos. Sin embargo, el estudio es muy  enfático al señalar que el personal médico
 y paramédico carece de la preparación suficiente para detectar y  saber qué hacer frente 
al abuso, por lo que entre las recomendaciones destaca la necesidad de la
 capacitación para que todos los profesionales que trabajan con jóvenes (no sólo en las áreas de la salud)
 puedan reconocer y ayudar a las víctimas.
El estudio citado resulta importante en mi opinión por la influencia que tienen en el mundo
 científico el  Instituto de Medicina y el Consejo Nacional de Investigaciones que forman parte
 de las Academias  Nacionales de Estados Unidos, lo que puede ser un estímulo importante
 para realizar esfuerzos semejantes  de organizaciones científicas en otras naciones.
Nota: Para el caso de México, me parecen muy importantes estudios realizados sobre
 este tema como el  de Elena Azaola, titulado Infancia robada, publicado en 2000
 por el DIF, Unicef y CIESAS.


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