viernes, 21 de junio de 2013

¿JUSTICIA CIEGA?





SANTIAGO.- La Corte Suprema decidió anular de forma unánime la condena de 60 años que había sido dictada contra el suspendido gerente de Estrategia y Comunicación de Política Monetaria del Banco Central, Enrique Orellana, acusado de haber violado reiteradamente a sus tres hijas cuando tenían tres, cuatro y nueve años, entre 2009 y 2010.




El máximo tribunal estimó que el ingreso de peritajes fuera del plazo de investigación vulneró el derecho de defensa de Orellana.



El ministro Hugo Dolmetsch explicó que ésta fue la primera condena contra Orellana y que por lo tanto, "tiene derecho a su defensa, la ley lo determina así".



Orellana había sido absuelto en un primer juicio y a fines de 2012 la Corte de Apelaciones ordenó un segundo juicio, el que terminó el 20 de abril, día en que lo condenaron a 20 años de cárcel por presunto ultraje a cada una de sus hijas.



Tras conocer la resolución del máximo tribunal, el fiscal de la Centro Norte Patricio Macaya enfatizó a Emol que "volveremos a probar que los hechos ocurrieron tal como relataron las menores", agregando que "lo único que nos preocupa es la revictimización de las niñas".



"Esto, porque van tener que declarar por tercera vez en un juicio, sin embargo, tenemos la convicción de que los delitos ocurrieron exactamente como ellas denunciaron", agregó.



Por su parte, el abogado que representa a Enrique Orellana, Francisco Cox, expresó a este medio estar "satisfecho" con el acta que falló a favor de su cliente, recalcando que "confiaba en que la Corte iba revertir en fallo unánime la decisión de condena a un inocente a 60 años de cárcel".



Asimismo adelantó que durante la tarde de hoy enviará la solicitud al Cuarto Tribunal Oral en lo Penal para revisar la prisión del acusado, quien permanece recluido en la cárcel de Alta Seguridad.


empezó el juicio el primer juicio y los jueces dejaron a las instituciones que evaluaron a las niñas fuera del juicio a las niñas las hicieron atestiguar lamentablemnte el por ser un hombre muy influyente salio libre de toda culpa
eso hizo que muchos que estaban escondidos por miedo a los poderosos sacaran la voz las redes sociales hablaban de por fin se ara justicia incluso los canales a quienes le tenían prohibido hablar del tema publicaron una y otra vez esta noticia pues además a el no solo se le acusaba de violación si no de manejar material pornográfico infantil y otras cosas mas
hoy texi el tribunal supremo anulo el juicio pues se le vulneraron los derechos adefensa e este hombre

INDIGNANTE!!!!!!!

Cómo se puede colocar una coraza si al final animas a las personas a realizar denuncias para ver todo esto.
Al final sacas la maldita conclusión el poder es dinero y el dinero lo compra todo o eso parece.


Tuvieron que cambiarse de colegio, de ciudad y bajar el estándar de vida, enfrentar dos juicios y relatar ocho veces lo vivido: que su padre había abusado de ellas. Las tres hijas de Enrique Orellana, el ex gerente del Banco Central, recientemente condenado a 60 años por violar a sus niñas, están mejor desde que se conoció el veredicto: ya no tienen tantas pesadillas y las pataletas han disminuido. Yamile Caba, la madre de las niñas que dio con ellas esa batalla legal, reflexiona: “Es tan duro el proceso legal que muchas víctimas se rinden y no siguen adelante”. 

Por Roberto Farías / Ilustraciones: Marcelo Pérez sobre fotografías tomadas durante el juicio en el Cuarto Tribunal Oral en lo Penal. 



Paula 1122. Sábado 25 de mayo 2013.

–Enrique Orellana era un buen padre, debo admitirlo–. dice Yamile Caba, su ex mujer. Orellana está en la cárcel después de dos años y medio de batalla legal, en la que se enfrentaron en dos juicios: en el primero él fue absuelto. En el segundo, lo condenaron a 60 años de presidio efectivo (20 por cada niña), sin derecho a beneficio por violación reiterada de sus tres hijas de 9, 4 y 3 años, entre agosto de 2009 y agosto de 2010. Y podría haber un tercero. En caso que la Corte Suprema acoja el recurso de nulidad del segundo juicio presentado por la defensa de Orellana, situación que hoy se está revisando.

Yamile es psicopedagoga y ex azafata. Después de un pololeo de tres meses se casó con Orellana en 1998 cuando él, –hijo de un zapatero de Conchalí, alumno destacado del Liceo de Aplicación y puntaje nacional de la PAA– comenzaba una exitosa carrera en el Banco Central, donde llegó a ser gerente de Estrategia y Comunicación de Política Monetaria. Tuvieron tres hijas. Vivían en Las Condes, las niñas estudiaban en la Scuola Italiana y luego en el colegio Mariano de Schoenstatt, donde las cambiaron a causa del bullying que sufría la hija mayor.

–Él era un papá que contaba cuentos, jugaba con ellas, las iba a recoger al colegio–, agrega Yamile.

Diez años duró el matrimonio y en 2009 se separaron; él se fue con la secretaria del Banco con quien mantenía una relación paralela. En marzo de 2010, luego de una mediación familiar, regularon el régimen de visitas los fines de semana y la pensión de alimentos. Orellana arrendó un departamento en el centro de Santiago, en la calle Catedral, donde recibía a sus hijas los días en que le tocaba visitas.

En agosto de 2010, Yamile notó que algo raro pasaba. Fue a buscar a las niñas al colegio y cuando iban en el auto notó que la hija del medio, entonces de 4 años, estaba triste; la tía del kinder la había retado por encerrarse en el baño. Al contárselo a su madre, se orinó en el asiento y comenzó a llorar. Al llegar a la casa tuvo problemas para dormirse.

–Le dio una pataleta horrible. Se abría los ojos para no dormirse. Veía al papá que se acercaba. Decía que él era grande, alto como un gigante. De pronto dijo algo así: “Es por culpa de mi papá que me hace cosas, me mete un palo en el potito con hipoglós”–, relata Yamile.

La revisó: le dolía, tenía irritado.

–No te creo–, le dijo Yamile.

–Créele, mamá, porque el papá me hacía lo mismo–, dijo la mayor de las hijas.


Volver a declarar en el segundo juicio fue un retroceso para las niñas. La hija del medio, hoy de 7 años, quedó muy sensible: un grito de la profesora, un mal entendido, cualquier detalle le provocaba ataques de rabia casi siempre dirigidos contra la hermana mayor y la madre.

Fue entonces cuando comenzó a develarse una historia de abuso sexual que Yamile, asume ahora, no supo leer, a pesar de que su hija mayor había presentado, desde 2006, algunos síntomas: ansiedad, baja autoestima, sobrepeso, masturbación compulsiva, infecciones urinarias. Según consta en el expediente, la niña, cuando tenía 6 años, había sido derivada por una especialista de la Scuola Italiana a una psicóloga infantojuvenil que, si bien había reparado en la masturbación compulsiva, la había asociado al bullying que sufría en el colegio. También había sido evaluada por una sicóloga de la Clínica Las Condes que no sospechó abuso sexual, aunque luego reconoció al tribunal que no era una experta en el tema. Sin embargo, pocos días antes de que las niñas le revelaran lo que estaba ocurriendo a su madre, la directora del colegio Mariano –donde las habían cambiado en 2008–, le había dicho a Yamile que tenía sospechas de que la hija mayor estuviera siendo abusada.

–Mis hijas vieron a su padre convertirse en monstruo –dice Yamile–. Yo no. Nunca le conocí esa otra cara. Imagínate lo valientes que tienen que ser las niñas porque pensaban que nadie les iba a creer semejante historia.

Al otro lado de la mesa, Yamile revuelve su café infinitas veces y dice de pronto:

–Todavía, a veces, en la noche, despiertan gritando.

Y no agrega nada más.

Hoy está en una campaña personal contra el abuso. Quiere contribuir de alguna forma a que ningún otro niño pase por la pesadilla que han vivido ella y sus hijas.



PATALETA, LLANTO, BAILE

El 19 de agosto de 2010, Yamile presentó una denuncia por abuso sexual de sus tres hijas contra su ex marido. En ese primer juicio declararon a favor de Orellana el presidente del Banco Central, José de Gregorio, dos gerentes de área y acudieron a las audiencias 50 funcionarios del banco. Cuenta que la fiscal que investigaba el caso, Marcia Arancibia, dejó de recibirla. Yamile se sentía como David contra Goliat. En noviembre de 2012 se conoció el fallo: dos de los tres jueces declararon que Orellana era inocente.

Lo peor lo sintieron las propias niñas. Al saber esa primera sentencia la mayor dijo llorando:


–El papá miente como quiere… y no nos creen ¿por qué no nos creen?

Nadie pudo darle una explicación.

–Se me vino el mundo encima. En Chile, una gran cantidad de juicios de abuso se pierden porque las víctimas no pueden continuar las instancias superiores. Por plata, por presiones o para no repetir el calvario porque tienen que declarar una y otra vez. Pocos apelan. Pocos llegan a la Suprema–, dice Yamile.

Yamile –que dejó de recibir la pensión del ex marido en 2011– vendió el auto para cambiar de abogado. Tuvo que endeudarse, porque nadie quería tomar su caso para reabrirlo. No quiso rendirse.

Cuando se anuló el juicio (por la omisión de una prueba en el primer tribunal) y se inició el segundo, la fiscal salió con prenatal y se asignó uno nuevo, Pablo Macaya.

En el segundo juicio, Yamile, que había rehuido a la prensa, optó por conceder entrevistas, aún a riesgo de exponer indirectamente a sus hijas. Consideró que era la única forma de hacerle el peso a “la defensa corporativa y a las presiones del Banco Central que –asegura– fue lo que logró que lo absolvieran en el primer juicio”.

–Les decía a mis hijas: nos van a apuntar con el dedo, pero no importa, algún día nos cambiaremos el apellido o nos iremos de Chile, pero se hará justicia.

Las niñas sintieron que sus compañeras las miraban raro desde que su mamá salió en televisión.

–Ya no tengo amigas, no me pescan– le reclamaba la mayor de las niñas.

Yamile hoy piensa que cuando un niño es abusado parece que tuviera una mancha que lo ensucia todo. Y lo dice por experiencia: se alejaron los primos, los amigos de la familia, los apoderados las apartaron de sus amigas del curso.


“En chile una gran cantidad de juicios de abuso se pierden porque las víctimas no pueden continuar las instancias superiores. Por plata, presiones, para no repetir el calvario”, dice Yamile que luego del primer juicio donde su ex marido fue absuelto, vendió el auto para cambiar de abogado.

Las niñas han contado su verdad 8 veces en estos tres años. A su madre, a una psiquiatra privada, luego a una carabinera de guardia en el Servicio Médico Legal, ante una psiquiatra y luego a una psicóloga del mismo servicio, ante otra siquiatra en el diagnóstico que hizo el CAVAS de la PDI para admitirlas en tratamiento. Y por segunda vez en un tribunal. Volver a declarar significó un retroceso para las niñas.

–¿Por qué tenemos que declarar de nuevo mamá? –recuerda que le preguntó a boca de jarro la hija del medio en enero cuando supieron que el primer juicio se anuló y se haría de nuevo– ¿por qué no nos creyó la jueza?

La mayor de las niñas tiene ansiedad y sobrepeso. En los dos meses que duraron las audiencias se leyó de un tirón los siete tomos de Harry Potter. Cuando le decían que hiciera ejercicios en las máquinas de la plaza, le respondía a su mamá: “Prefiero hacer gimnasia mental”.

La menor de 6 años se abocó a los dibujos y a jugar. Está en kinder.

Pareció reportarle más conflictos a la niña del medio, hoy de 7 años, la más cercana a su padre. Volver a recordar y ser interrogada sobre el tema la puso muy sensible: un grito de la profesora, un mal entendido, cualquier detalle, le provocaba ataques de rabia que casi siempre terminaban dirigidos contra la hermana mayor: le tiraba el pelo, la tironeaba, le gritaba.

–Por tu culpa… te odio… te odio. Por tu culpa nos pasaba lo que pasaba– recuerda Yamile. La mayor se dejaba zamarrear.

Supuestamente, la mayor rompió el pacto secreto que su padre les había impuesto. “No le vas a contar a tu mamá, ni a nadie, nadie te va a escuchar, nadie te va a creer; pero si hablas le voy a hacer lo mismo a tus hermanas” relató la mayor en el segundo juicio. Y aunque no habló, igual ocurrió. Un fin de semana de mediados de mayo de 2009 se negó a seguir visitando a su padre y él –como afirman los tres jueces en la sentencia– comenzó a abusar de sus dos hermanas menores.

Estos detalles y otros que llevaron a los jueces a dictar la condena están ampliamente acreditados en un expediente público del cual Ciper Chile publicó un extenso resumen hace algunas semanas.

En la intimidad familiar, la hija del medio aún culpa a su madre. Ella era la que las obligaba a vestirse y levantarse para ir donde el papá, esos fines de semana asignados en el régimen de visitas.

–Nunca te diste cuenta– le grita. –Te odio–. Le pega. Le tira el pelo. Yamile se deja tironear y gritar. Hasta que terminan llorando las cuatro. Y vuelta a empezar. Música, canto, baile –porque en esa casa se baila mucho– y luego sueños infantiles, a veces rotos por gritos.



GRACIAS MAMÁ

Las hijas de Yamile hoy tienen 12, 7 y la menor está a punto de cumplir 6. La madre y las niñas ya no viven en Las Condes, sino a una hora y media de Santiago en un pueblo sin mall, de calles estrechas. Las niñas estudian en un colegio subvencionado donde también almuerzan. Ya no se atienden en clínicas privadas. Van al consultorio. Sin embargo, están mejor.

Cada semana viajan en bus a Santiago para atenderse en el Centro de Atención para Víctimas de Atentados Sexuales, CAVAS, de la PDI, en Román Díaz, donde reciben terapia para paliar el daño: “profundo y no reparable en el tiempo, en la esfera de su sexualidad y que ellas mismas atribuyen al daño que les produjo su propio padre” como señala el informe de siquiatras infantiles del organismo policial.

Hoy, tras dos años de terapia, la hija mayor a veces logra hablar del tema sin alterarse. Sabe que su padre está en la cárcel y siente una mezcla de culpa, autocompasión y esperanza. Un informe del CAVAS de 2012 señala que la mayor ha dicho:

–El papá está enfermo o loco de la cabeza, porque eso no se les hace a los hijos; pero a lo mejor así se mejora y quizás pueda volver a la casa.

Cuando lo ha dicho, la más chica aplaude de alegría y grita: “Síiiii”. Ella cree que el papá está en China.

El sábado 20 de abril, cuando se leyó la sentencia de 60 años en contra de Enrique Orellana, hubo una especie de celebración espontánea en esa casa pueblerina. Las niñas almorzaron pizzas con su abuela y su tía Araceli. La mayor, de reojo, vio a su madre hacer declaraciones en la televisión o internet. Ninguna de las tres niñas lo comentó; ese tema no lo hablan en la casa. El horizonte estaba rojo cuando llegó Yamile a casa. En la noche, en su muro de facebook, donde muchas personas la felicitaban por la condena a su ex marido, la mayor de las niñas levantó la vista de las 600 páginas de una saga que devora y le escribió únicamente: “Gracias mamá”.

Después de ese veredicto, la madre cuenta que las pataletas y berrinches disminuyeron.

Los problemas de control de esfínter, incontinencia y masturbación compulsiva –que la mayor acarreó por años y que ningún pediatra podía explicar más que por bullying– casi han desaparecido. Yamile cuenta que, por primera vez en mucho tiempo han tenido sueños con playas, viajes, un mar calipso.

–Se sintieron aliviadas, creo yo: les habían creído. Eso era lo más importante para ellas.

REVICTIMIZACIÓN: UNA TAREA PENDIENTE


Uno de los aspectos que este juicio ha puesto en evidencia es el grave problema de la revictimización de los menores que sufren abuso en el sistema judicial chileno. Los niños son sometidos a numerosas entrevistas –ante Carabineros, ante la PDI, la Fiscalía, en el peritaje sexológico en el Servicio Médico Legal, en el peritaje sicológico de credibilidad y en el juicio oral–. Todo ello, plantean algunos expertos, retrasa su proceso de reparación y los regresa una y otra vez, a la situación de abuso, dificultándoles salir adelante.

Lisa Fontes, experta norteamericana en abuso sexual infantil estuvo hace un mes en Chile invitada por la ONG Achnu para dictar el curso “Entrevista pericial a niños(as) víctimas de abuso sexual” y tiene un diagnóstico lapidario sobre cómo el sistema judicial chileno enfrenta este tema: “Lo peor son dos cosas: la demora de estos procesos, porque desde que se hace la denuncia hasta que se lleva el caso al tribunal puede pasar un año o dos. Y la falta de coordinación entre las distintas entidades. Es inaceptable que cuando un niño revela abuso sexual infantil, sea entrevistado 5, 10 ó 15 veces por distintos organismos. Es una experiencia traumática para el niño tener que hablar tantas veces de algo que le da vergüenza y miedo”, señala.


Tras dos años de terapia, la hija mayor a veces logra hablar del tema sin alterarse. Un informe del CAVAS señala que la niña ha dicho “que el papá está enfermo o loco de la cabeza porque eso no se les hace a los hijos”. Sabe que está en la cárcel y piensa que a lo mejor así se mejora.




Actualmente, el Ejecutivo está analizando el anteproyecto de ley “Sistema de entrevista única video grabada” –impulsado por la fundación Amparo y Justicia, que intenta evitar la revictimización de los menores a través de la videograbación del testimonio de los niños víctimas e impulsa que estas grabaciones sean utilizadas tanto en la la investigación como en el eventual juicio oral. Esta metodología se usa en países como Estados Unidos, Inglaterra y Australia. En Latinoamérica se está aplicando en Argentina, Perú y República Dominicana. En Estados Unidos actualmente hay 750 centros multidisciplinarios donde peritos especializados entrevistan a los niños cuando hay una denuncia de abuso sexual infantil. Dice Lisa Fontes: “Se necesitan centros especializados porque la calidad de la entrevista es lo que define la veracidad del relato. Al estar grabadas en video, tenemos evidencias bien claras de lo que pasó y no pasó durante la entrevista. Además, es la mejor forma de lograr que el niño no se congele en el momento, sino que entregue su relato una vez, o máximo dos veces, si es necesario. Así podrá pasar rápidamente a la fase siguiente y la que más importa: la reparación. El niño tiene que retomar su vida”. C.T.

LA DEFENSA DE ORELLANA

El abogado penalista Francisco Cox, defensor de Enrique Orellana, presentó un recurso de anulación del segundo juicio ante la Corte Suprema que, de ser acogido, podría dar paso a un tercer juicio. Estas son sus declaraciones a Paula.

En el primer juicio su cliente fue absuelto. Ahora le dieron una condena de 60 años. ¿Cómo explica estas sentencias tan disímiles?
Ello se explica porque en la primera sentencia se dijo cada una de las inconsistencias en que incurrieron los testigos y los peritos. Por lo tanto, en el nuevo juicio cambiaron sus declaraciones acomodándolas a la estrategia del Ministerio Público.

En su momento, la defensa señaló que la acusación de Orellana se debía a una situación de despecho de la madre que había inducido el testimonio de las hijas. ¿En que basa esas afirmaciones?
Las propias profesoras de las menores señalan que la hijas hablaban de la bruja malvada que les había robado a su papá y eso lo atribuían como una enseñanza de la madre. Es más, hay múltiples correos electrónicos donde la señora Caba amenaza a mi representado. Por último, la hija mayor de mi representado quería estar con él, pero no con su nueva pareja ni con los hijos de ella.

¿Qué causales esgrimió para solicitar la nulidad del segundo juicio ante la Corte Suprema? 
Los argumentos son que se ha violado el debido proceso, que hay errores de razonamiento, que peritos y testigos cambiaron sus declaraciones y que se ha condenado a mi representado siendo absolutamente inocente de los cargos que se le acusa.



Y AHORA QUE SERÁ DE ELLAS!!! Cómo se sentirán con la anulación. Desde aquí todo el apoyo a Yamile y sus hijas !!!!





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