lunes, 6 de agosto de 2012

Poder y asimetría en el abuso sexual


La asimetría de edad y el abuso de poder es otro de los elementos que caracterizan el abuso sexual. Diríamos que sin la ausencia de asimetría y abuso de poder no habría abuso sexual. La asimetría de edad es sobre todo la asimetría en la madurez del desarrollo psicosexual, y en el caso del abuso sexual supone que el agresor cuenta con mayor madurez psicosexual. Esta asimetría psicosexual es una forma de poder, pues pone en una situación de desventaja al menor ya que este no cuenta con la capacidad para comprender y simbolizar, o para discernir y tomar una decisión con respecto al ejercicio de su propia sexualidad.

El adulto o adolescente con una conducta sexual inapropiada cuenta con mayores recursos físicos, intelectuales y psicosexuales, desplegando estrategias psíquicas de poder, control y sometimiento. Una de ellas consiste en ganarse la confianza de la familia, presentar una imagen impecable, así como una reputación intachable, lo cual permite un acceso directo y libre, pero también garantiza cierta impunidad el aducir la mayor credibilidad del adulto con respecto al niño o niña. Posteriormente viene la amenaza y con ella el silencio, la parálisis y la disociación por parte del niño o niña. De esta forma la asimetría psicosexual es sobre todo un mecanismo psíquico de poder y control que garantizaría hasta cierto punto la impunidad, basada en la amenaza, el silencio, la parálisis y la disociación.

El adulto o adolescente en esta asimetría psicosexual del abuso sexual irrumpe sobre el desarrollo psicosexual, pervirtiendo la economía libidinal del menor, alterando su relativa estabilidad psíquica, sino es que trastornando su mundo interior, aspecto que supondrá la instalación de un trauma sexual que afectará la organización clínica del sujeto. Esta desorganización clínica pasa necesariamente por la perversión de los vínculos paterno-filiales, o aquellos vínculos atrapados en la red de la ley incestuosa. El vínculo atravesado por la ley es trasgredido, alterando definitivamente la representación psíquica de las relaciones objetales parentales.

La perversión de estas relaciones contiene un factor predictivo con respecto a la pobreza vincular del menor en la edad adulta, dificultando el establecimiento de vínculos profundos, estables y adecuados. Pero más allá de la predictibilidad a largo plazo, nos encontramos con una alteración inmediata en los vínculos presentes. Podemos decir que este es el eslabón de la repetición y transmisión transgeneracional del trauma sexual.

Por otro lado, el abuso de poder en el abuso sexual se caracteriza fundamentalmente por la cualidad del vínculo que establece el adulto con el menor, así como de la posición del menor con respecto al vínculo. Hablamos fundamentalmente de un vínculo ambivalente y despreciativo por parte del adulto, pues éstos tipos de vínculos se caracterizan por una lógica de acercamiento y alejamiento, instaurando una doble valoración vincular: te deseo pero te odio. La ambivalencia supondrá en el niño o la niña una situación conflictiva, situación que normalmente se perpetuara a lo largo del desarrollo y madurez psicosexual. Esto se produce especialmente cuando se establece una relación de seducción, pues en ella se lleva a cabo el abuso sexual de una forma sutil, fundamentalmente a través del chantaje emocional desprovista de sadismo.

En el caso del vínculo despreciativo nos encontramos ya no con una seducción, sino propiamente con una expresión caracteropática, sádico-agresiva, donde el niño o niña es colocado como objeto de uso, reducido a medio o utensilio. La investidura agresiva que realiza el adulto con respecto al niño o niña reducido a su expresión parcial de su genitalidad, es sobre todo una investidura destructiva; un goce sádico.

En el centro del abuso de poder se encuentra la perversión de la pulsión, ya sea mediada por la seducción ambivalente, ya sea por la agresión despreciativa. En uno y otro caso estos vínculos subjetivarán al niño o a la niña, especialmente si esto se realiza en etapas muy tempranas del desarrollo psicosexual.

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