martes, 12 de junio de 2012

De la autocrítica al auto castigo


En demasiadas ocasiones somos nosotros mismos quienes nos limitamos, nuestros miedos no nos dejan continuar o tan si quiera intentarlo, fracasamos sin saber porqué y en cuántas ocasiones nos ha parecido más lógico fallar que lograr algo. A veces tenemos que ser los mejores en todo para mostrar al mundo que algo valemos, por poco que sea, y si no llegamos a ser los mejores es preferible no ser nada.
Llegó un momento en mi vida en que veía que lo normal era no superar las pruebas, no por falta de conocimiento o interés sino que no podía permitirmeser buena en algo.
Cada vez tomo más conciencia de mí misma, siempre después de meter la pata no antes, pero al menos hay un momento de luz para verme y sentirme. Siempre me había considerado una mujermuy exigente consigo misma pero lo que no me había dado cuenta es que he pasado de la exigencia a la dictadura, al dolor. Ya nada es suficiente para mí misma, nada de lo que haga es válido y pocas veces puedo sentirme orgullosa o aceptar un cumplido porque le resto importancia de forma automática, porque hay una parte de mí que no acepta que me la merezca, es la misma parte que se esfuerza por hacerme mejor pero de una forma insana.
En estas semanas de autodescubrimiento vi que no hay mayor dolor que el que yo misma me provoco regañándome, desvalorizándome, no creyéndome a mí misma cuando pongo en duda los abusos, culpabilizándome por todo… Nadie me conoce mejor que yo por lo que nadie conoce más mis heridas y mis puntos débiles, hay una parte de mí que es mala para mí misma, tengo una partecastigadora que es capaz de meter el dedo hasta el fondo de mi corazón para sentir dolor.
Creo que ésta es la mayor forma de autolesionarme que tengo, mis autolesiones físicas continúan pero son las mínimas, mi mayor forma de castigarme es destrozándome por dentro.
He llegado hasta el punto de autocriticarme en voz alta poniéndome en evidencia delante de todo el mundo para que vean lo que realmente soy, que no valgo nada. Antes lo hacía en voz baja y me fustigaba como nadie, “¿Por qué has dicho eso?”, “¿Por qué te has reído?”, “Te creías inteligente ¿Pero qué esperabas?”, “¿Creías que eras especial y que podía amarte? Tú no te mereces a un hombre bueno”. Ahora en voz baja tampoco es suficiente.
La razón de esto, de momento, es un enigma para mí. Lo que he podido plantearme hasta el momento es si todo ese castigo hacia mí misma está relacionado con la agresividad y larabia que siento pero que no soy capaz de aceptar hacia las personas que más quiero pero que no pudieron verme en su momento, que no pudieron salvarme. Como no puedo odiar a quien más quiero, es más sencillo odiarme a mí misma.
Escribiéndolo así, aún encuentro relación con la manera en que actúan los niñoscuando sufren abusos, a veces callan por miedo, pero cuántas veces callan por temor a perder a quienes quieren, cuántas veces la razón es el amor y aunque suponga mayor sufrimiento primero les protegen.

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