miércoles, 1 de febrero de 2012

Segundo examen es clave ante sospecha de abuso sexual infantil


Cuando existe la sospecha de un abuso sexual infantil, un segundo examen médico sería clave para detectar lesiones e infecciones de transmisión sexual.
La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que a los niños examinados para comprobar un abuso sexual se les realice un examen de seguimiento a las pocas semanas. Pero, hasta ahora, ningún estudio había analizado su utilidad.
Ahora, un equipo revisó las historias clínicas de 727 niños y adolescentes evaluados por un posible abuso sexual en cinco años.
En casi un cuarto de los niños, el segundo examen modificó los hallazgos del primero. En el 18 por ciento de los casos, cambió el diagnóstico de las lesiones traumáticas.
Lo más común fue que el primer examinador no pudiera determinar con precisión si los niños tenían alguna lesión sugestiva de haber sido víctima de un ataque sexual (como desgarros o moretones). Pero el segundo examinador concluyó que los hallazgos eran "normales".
Pero eso "por ningún motivo" significa que el niño no fuera víctima de un abuso sexual, según aclaró la doctora Nancy D. Kellogg, coautora del estudio y experta del Centro de Ciencias de la Salud de la University of Texas, en San Antonio.
A menudo, aseguró, las víctimas de abuso sexual no tienen lesiones traumáticas evidentes. De modo que lo más importante es lo que declara un niño.
El equipo de Kellogg halló también que el segundo examen médico ayudaba a detectar las enfermedades de transmisión sexual no identificadas en el primer examen, como ocurrió en el 7 por ciento de los participantes. Lo más frecuente fueron las verrugas genitales.
El estudio publicado en la revista Pediatrics incluyó información de 727 niños y adolescentes examinados por primera vez en una de las salas de emergencia de San Antonio o de un centro regional de protección infantil. El examen lo realizó un médico o una enfermera entrenada en abuso sexual.
El segundo examen se realizó un mes después en un centro de protección infantil y también estuvo a cargo de un médico o una enfermera con experiencia en estos casos.
Kellogg explicó que en el primer examen, los niños "están ansiosos o con dolor. Están bajo los efectos de una experiencia traumática. Eso puede influir en la capacidad del examinador de detectar lesiones".
Por eso, como lo observó el equipo, la experiencia del primer examinador fue clave. Si había realizado menos de 100 exámenes, el segundo examinador era más propenso a llegar a otra conclusión sobre la existencia o no de una lesión traumática.
"Nos sorprendieron los resultados. No esperábamos ver que el segundo examen marcara tanta diferencia en tantos niños", dijo la autora.



FUENTE: Pediatrics, online 30 de enero del 2012

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