jueves, 8 de diciembre de 2011

Prostitución infantil, otro lado oscuro de la emigración latina a EE UU


Melissa se peina y se maquilla para salir en cámara, aunque su rostro vaya a quedar oculto. Oculto también queda su nombre real: el que la identifica ahora lo empezó a usar hace apenas semanas, cuando fue arrestada y decidió dejar la calle.

De familia mexicana, abandonó su casa en San Diego, en el sur de California, para dedicarse a la prostitución. Cuenta que la inició “una amiga americana (estadounidense)” que ganaba mucho dinero: toda una tentación para quien buscaba pagarse la estadía diaria en moteles y comprar sus dosis de drogas.

“Hasta que me cacharon con esto de la prostitución. La policía me trajo para acá”, dice la joven a BBC Mundo, en un refugio en Los Ángeles para menores rescatadas de las calles.

Su compañera cayó con ella en la redada pero -a diferencia de Melissa-terminó en la cárcel: era quien, junto a su pareja, oficiaba de proxeneta y se quedaba con el dinero “para pagar el hotel donde realizaban las actividades”, según cuentan los responsables del albergue.

Mellisa sólo se refiere a ella como una amiga.

“Aunque ella sabía cuántos años tenía yo”, objeta.

Diecisiete tiene ahora. Es una de las muchas latinas menores de edad que quedan atrapadas en las redes de prostitución que operan en Estados Unidos. El número certero es difícil de estimar: se calcula sobre la base de cuántos niños hacen abandono de sus hogares y podrían sumar 100.000 en todo el país.

Sectores vulnerables

En el sur de Los Ángeles, un grupo de vecinos ha dado la voz de alerta. Hace unos meses, denunciaron públicamente un aumento en el número de prostitutas que presuntamente trabajan para proveer fondos a distintas pandillas de mayoría hispana.

Según las autoridades, en las zonas pobres del sur y el este de la ciudad, con altos porcentajes de población latina, se ha creado un negocio lucrativo alrededor de la explotación sexual y ha aumentado el número de prostíbulos informales instalados en departamentos.

La Policía de Los Ángeles (LAPD) contabiliza un promedio de 20 detenciones al mes, entre ellas las de menores de 13 a 15 años dedicados a ofrecer sexo pago, así como arrestos “a diario” de los llamados padrotes o proxenetas que integran las mismas pandillas de la zona.

“Los traficantes ahora tienen como objetivo a las mujeres de entre 18 y 21 que tienen niños, para usar a los hijos como “presa” y motivación para hacerlas trabajar”, señala a BBC Mundo Lois Lee, la fundadora de Children of the Night (COTN), la organización que hospeda a Melissa y ha atendido a más de 10.000 niños en sus 32 años de historia.

La población hispana, con altas tasas de natalidad, se convierte en particularmente vulnerable para este tipo de tráfico. Pero hay más variables que afectan, según la experta, a todas las minorías, desde la pobreza al abuso sexual intrafamiliar que lleva a estos menores a ver la prostitución como una opción de escape una vez que han sido privados de su “dignidad sexual”.

Tráfico y migración

“Ciertamente tenemos muchos inmigrantes, cuyos hijos vienen a vivir con ellos a Estados Unidos y se dedican a la prostitución. Hemos visto un incremento en el número de latinos involucrados tanto en el ejercicio de la prostitución como en el tráfico. Sabemos que hay un alto índice de abuso familiar en este segmento, lo que hace a los menores vulnerables”, señala Lee.

Hace poco, una veintena de traficantes fueron detenidos en el estado de Indiana por presuntos vínculos -según los fiscales- con una violenta red de prostitución que introducía mujeres latinoamericanas en burdeles del centro y norte de Estados Unidos. Y eso, dicen los expertos, es sólo la punta del iceberg.

El tráfico humano desde América Latina, asociado con la inmigración indocumentada, afecta a un tercio de quienes se integran forzadamente a las redes de prostitución estadounidenses.

Según datos de la Central de Inteligencia (CIA) de 2009, de las 50.000 personas víctimas del tráfico humano, 15.000 proceden de países latinoamericanos y la mayoría de ellas acceden a la prostitución mediante diversas estrategias: desde las promesas de falsos empleos para saltar la frontera hasta secuestros, presiones de pandillas o abusos por parte de los coyotes que cobran para asistirlas en el cruce ilegal.

Contrarreloj

Mientras acoge a los menores que escapan del negocio del sexo, Lee también se ocupa del costado legal. En 1993 promovió un proyecto para que los proxenetas fueran enviados a la cárcel y todavía queda mucho por hacer, dice.

Según las leyes en vigor, solicitar sexo en la vía pública es un delito menor en Estados Unidos y los clientes suelen beneficiarse con medidas de libertad bajo fianza. Muchos de los casos contra los regentes quedan archivados, sobre todo si las víctimas no declaran o señalan que no hubo violencia para el ejercicio de la prostitución.

Children of the Night promueve que sus rescatados testifiquen. Maribel Becerra, directora de la organización, señala que la mayoría de los casos le llegan mediante llamados de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), la policía o los trabajadores sociales.

“Trabajamos ayudando a crear conciencia de que estos menores son víctimas, pero también adherimos a que hay que enjuiciar y penalizar a los proxenetas. Resulta fácil trabajar con los agentes del orden: nos peleamos y tenemos diferencias porque nosotros tenemos una mirada más pro víctima, pero son una institución que no pierde tiempo, hace lo que hay que hacer”, opina Lee.

El tiempo es la clave: basta ver una sesión de entrenamiento de voluntarias de la línea de emergencia que funciona 24 horas para entenderlo. Treinta, cuarenta segundos máximo es lo que tienen a veces para obtener, vía telefónica, la información crucial de un menor que llama en situación de riesgo.

“Lidiamos con cuestiones de vida y muerte y lo que hacemos no es bello, no es amable: depende de tu habilidad de movilizar a las fuerzas del orden y de unos pocos minutos, segundos casi, en los que uno tiene una ventana de oportunidad para rescatar a víctimas que, por ejemplo, llaman desde un motel”, señala la fundadora de COTN, que abrió el que fuera el primer centro de asistencia para menores en el país en 1979. Hoy sólo existen otros 6 similares en todo Estados Unidos.

“Plan de vida”

Parte de la estrategia de rescate, dicen los expertos, está en ofrecer a los menores una opción de vida diferente al sexo por dinero.

“Apenas llegan empezamos a pensar con ellos cuánto tienen que estar aquí, qué es lo que quieren hacer a futuro. La idea es elaborar un plan de vida para más adelante”, relata Becerra a BBC Mundo.

COTN ofrece yoga y meditación trascendental, además de salidas recreativas. Pero la actividad obligada es asistir a clase, en la escuela que funciona en el lugar.

“Les ayuda a tener un horario, una organización, a prepararse para salir del programa. Hay muchos chicos latinos aquí y todos tienen dificultades con eso. Han pasado por los mismos problemas que los menores de cualquier minoría, que es que caen en la prostitución porque primero han sido víctimas de abuso por parte de seres queridos. En la mayoría de los casos el abuso comienza por casa y ningún grupo étnico está exento”, señala la maestra Sandra Vidal, que lleva 20 años en el centro.

Para Melissa, la mayor de cuatro hermanos de distintos padres y con su madre en prisión, el plan a futuro es recuperar a su familia.

“Ahora ya volví a tener contacto con ellos, me dieron otra chance porque estoy aquí”, revela.

Para Lois Lee, el futuro es al sur de la frontera: ha sido convocada por países latinoamericanos -Ecuador y Argentina están en la lista por el momento- para asistir a las autoridades locales en la lucha contra el tráfico y la prostitución infantil latinoamericana, de la que mucho se nutre el círculo de sexo pago en el país del norte.

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